SEÑOR CROHN:

Te presentaste de improviso. Llegaste con un billete de sólo ida y ni tan siquiera diste explicaciones. Te acomodaste sin pedir permiso y con una actitud bastante grosera. No te conocía, nunca había oído hablar de ti… No tenía constancia de quién eras y, sin embargo, eso ni te importó.

No mediaste palabra. No explicaste tus intenciones y, por eso, al principio, te subestimé. Fue entonces cuando empezaste a descargar toda tu ira sobre mí.

Me arrebataste toda la confianza en mí misma, arrinconándome en una habitación. La cama se convirtió en mi mejor amiga y soportó pacientemente mis largas noches de insomnio, a pesar del cansancio. Generaste una situación de desinformación, desconocimiento e incomprensión. Me dejaste cientos de preguntas y apenas obtuve respuestas.

Lograste que temiese salir al exterior. Me volviste borde con los demás y conmigo misma y me obligaste a dar siempre, una y otras vez, las mismas explicaciones sobre esto. Y yo, mientras tanto, intentaba evitar eso de dar pena. Conseguiste que algunas personas se fueran, pero, por suerte, la gran mayoría se quedó.

Rompiste en mil pedazos todos mis proyectos, mis pequeños sueños… Te lo llevaste todo y me dejaste sólo con algo llamado nada. Jugaste a convertirme, unas veces, en niña cadáver y otras en pez globo. Me convertiste en una mente atrapada en un cuerpo de marioneta casi inerte.

Me sumergiste en un mar de pastillas, agujas, sueros e interminables consultas médicas. Privaste a mi paladar del disfrute de una gran cantidad de sabores y me robaste el apetito, dejándome a cambio un enorme pavor.

Y un día, soportando todo este peso sobre mis huesudos hombros, decidí que se había terminado la rendición.

Puse más empeño, más ganas, más esperanza… Exprimí las últimas fuerzas que me quedaban y decidí que iba a acabar contigo. Me tranquilicé, me rodeé de personas positivas, confié en mí misma, en los demás… y poco a poco fuiste desapareciendo, como por arte de magia.

Pensé que era el final, ¡por fin! Aunque sabía con certeza que era casi imposible derrotarte definitivamente. Pero te fuiste. Remisión, ni un solo síntoma, ganas de todo… ¡¡¡Me quería comer el mundo!!! ¡¡Maravillosa época!!

Sin embargo, volviste en el momento más inesperado. Regresaste de tus largas vacaciones… Rompiste la tregua, tu alto el fuego, y empezaste a usar de nuevo todas tus armas sin compasión.

Pero una cosa te digo, señor Crohn: esta vez y las que vengan no voy a rendirme. Voy a pelear con todo mi empeño; voy a luchar y voy a ser una rival realmente difícil de vencer. ¡¡¡Te las tengo bien guardadas!!!

¡¡Ya no volverás a despedazar todo mi yo!! Puede que me vayas limitando físicamente, pero si algo has conseguido con todo esto es hacerme fuerte, ¡¡muy fuerte mentalmente!!

RaquelDS

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Un pensamiento en “SEÑOR CROHN:

  1. //ANY OTHER DAY//

    Y entonces lo intento, me tumbo tranquilamente, muy tranquilamente sobre la cama, casi levitando. La música tiene el volumen adecuado, ella logra adherirse y navegar tranquilamente, surcando suavemente entre mis pensamientos. Lo intento, intento hacer un profundo ejercicio de introspección, intento ubicar justo el día en que vino mi maldito compañero, casi puedo coger con la punta de los dedos aquellas tardes de verano, aquella urgencia…aquella ignorancia. Pero a su vez, casi veo pasar media vida por delante de mis ojos, pasan las imágenes, los sonidos e incluso los olores, noto excitadas a mis verdes pupilas, viendo imágenes e imágenes estallar frente a ellas, creo que mi mente, inconscientemente, se esfuerza en encontrar el detonante.Y entonces caen, bullen llenas de parsimonia , desfilan como soldados muertos , son lágrimas que brotan solas de las cuencas de los ojos, sin ningún tipo de esfuerzo, son lágrimas carentes de cualquier sentimiento, no llevan implícita la rabia, prácticamente no llevan dolor, cuanto menos la lejana alegría. Son lágrimas que caen a través de mis huesudas mejillas, ruedan llenas de incomprensión, de vacío, casi tanto como el de su transparente e inocuo color. Y entonces, justo una de mis gatas se posa a mi lado, ronronea y me toca; cualquiera de mis perras se ha movido y reclama mi atención moviendo la cola, haciéndome entender que me sigue queriendo igual o más que antes. De repente me suena el teléfono, puede ser mi madre o cualquier amigo, de repente y no sé muy bien porqué, también recuerdo aquellas palabras: “con tu actitud me ayudas mucho”. Y entonces..es cuando soy yo el que de repente, me doy cuenta que debo levantarme, que la vida hay que pelearla hasta el último regate, que a las cosas hay que echarle valentía y firmeza. Que como dijo Sabina: ” Hay más de cien palabras, más de cien motivos para no cortarse de un tajo las venas, más de cien pupilas donde vernos vivos…más de cien mentiras que valen la pena”.

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