El día que te conocí

Un día, parecía un día cualquiera, uno más de esos tantos, donde te preocupas de cosas banales, que si mi madre es una pesada, que si tengo que estudiar, que si mi amigo no me habla,  que si la chica que me gusta no me hace caso … si un día de esos, pero ese día no fue así, dicho día conocí una sensación nueva, que nunca había sentido, la describiría como: dolorosa, angustiante, deprimente, nerviosa, caprichosa… al final me dijeron que se llamaba Colitis Ulcerosa.

Pues sí vino un día, sin avisar, sin decir: “oye prepara algo que voy a comer”, sin pedirme permiso, ella empezó a formar parte de mí. Al principio era incertidumbre, no sabía porque estaba allí conmigo, me preguntaba: “¿Quién es?”  “¿Como ha llegado?”  “¿A qué viene?”       “¿Se va a quedar muchos días?”

Con el paso del tiempo me fui aclarando un poco mis preguntas, supe que no se iba a ir de mi lado, que iba a ser mi compañera el resto de mi vida, y ¡no quise!, no aceptaba esa situación, en la que vivir con alguien que no quieres, las 24 horas del día los 365 días del año. La primera regla que aprendí es que no todo depende de uno mismo, que por mucho que no quisiera estar con ella, ella quería estar conmigo, asique con el tiempo (no os voy a mentir, mucho tiempo) acepte que iba a formar parte de mí y que mejor que intentar conocerla y llevarme bien con ella.

Así comenzó una nueva vida para mí, Yo y mi colitis ulcerosa (si, el burro delante para que no se espante).

Colitis Ulcerosa y yo, empezamos a conocernos el día 17/Abril /2003, ella no hablaba, pero se hacía sentir;  dolores constantes, diarreas, ganas de vomitar, sangre en las heces (lo que todos sabéis si compartís vida con una EII). Ella y yo acudimos a un médico, (dejarme llamarlo terapia de pareja) allí intentaban que todo fuera más ameno, que pudiéramos vivir los dos juntos, sin que yo me quejara de ella, ni ella de mí (cada uno a su manera).

Ella y yo lo fuimos llevando, no fue nada fácil, en el camino pasamos por varios médicos, fuimos tratados por muchas medicaciones, con las cuales nos venían a visitar amigos como: Neumococo, pancreatitis, ganglios inflamados, y un sinfín de visitas que recibíamos (siempre hemos sido muy amables) ;se me olvidaba, nos alquilamos una habitación en el “Hotel 12 de Octubre”, para poder recibir a todas esas visitas; allí ella y yo nos sentíamos mejor, ya que tenias pensión completa (médicos, enfermeras, auxiliares), eso sí, no todo era tan bueno como parece, tenía una cosa mala, no te dejaban salir cuando quisieras, ni cabrearte con tus visitas, ya que hasta que ellas no se iban, tu no podías marcharte (como un buen anfitrión).

Todo iba bien, teníamos días “buenos”, otros malos, y otros peores, pero como toda pareja no?. Pero llego ese día, ese día donde no podíamos más, donde el estar juntos nos estaba matando, intentamos solucionarlo yendo una vez más de alquilar al “hotel 12 de Octubre”, pero esta vez no fue como siempre, nos comentaron que lo mejor era separarnos (operar), yo no quería, lloré, lloré mucho, (es verdad que no quería estar con ella, que estaba cansado de su forma de ser: dolores, sangrar, ir un sinfín de veces a visitar a otro amigo (este se puede decir que muy intimo) roca, pero tenía miedo, miedo a vivir con una bolsa de ileostomía en mi cuerpo…

Me despedí de ella, la dije que gracias por todo, porque me dio muchas cosas malas (dolor, ansiedad, angustia, no querer vivir, perder “amigos”, llevar una vida condicionada a ella), pero también me dio cosas buenas, aprender a valorar las cosas realmente importantes, saber que gente era amiga de verdad, conocer a gente maravillosa,  ver lo que es una familia en estado puro, luchar, ser fuerte, …

Todo salió bien, no sin complicaciones ni efectos secundarios actuales, por los cuales sigo luchando como hice con ella; pero ella se fue, eso me dicen a día de hoy, aún así yo la recuerdo todos los días, pero no la recuerdo como algo malo, sino como algo bueno, algo que me hizo aprender, aprender a abrazar con más ganas, a querer, a sentir, a ilusionarme, a valorar todo lo que tengo a mi alrededor y a vivir el día a día, porque solo sabemos el hoy pero no el mañana.

Y como diría mi abuelo: Es de buen nacido ser agradecido; por tanto:

“Un gracias” para todo el personal sanitario, a la Doctora Pilar Montiel en particular.

Y muchas gracias, a toda mi familia, amigos que han estado ahí, y a toda aquella gente que me quiere y me lo demuestra no solo en los buenos momentos sino también en los malos.

Y un saludo muy fuerte a todos los que padecéis EII sois todos unos campeones y conseguiréis sacar la parte buena de todo esto y ser felices como los que más.

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