Adaptación sexual del paciente ostomizado, perspectiva psicológica

La sexualidad ha sido durante generaciones un tema tabú, un asunto sembrado de mitos y medias verdades, que ha contaminado social y personalmente nuestra vidas con incomprensión y confusión. Cuando hablamos de personas que añaden a la ecuación problemas físicos, una dolencia crónica o una reciente intervención quirúrgica, la situación se exacerba y las emociones se alteran.

Aunque son muchas la situaciones en que pueden verse alteradas nuestras relaciones sexuales.  Entendamos, que los diferentes ámbitos de nuestras vivencias pueden condicionar este pequeño reducto de placer e intenso afecto, así como las relaciones generalizadas con nuestra pareja, de contactos, de apoyo, de diálogo… de intimidad.

Las necesidades y sentimientos en torno a nuestra sexualidad son cambiantes,variables dependiendo del contexto, evolucionan. Cuando la persona se recupera de una cirugía de ostomía, va recuperando, a la vez, los aspectos que componían su vida, pero requiere un tiempo de adaptación, en ocasiones lento. La vuelta al trabajo, retomar la vida social, el tiempo de ocio, palpar la ansiedad seguridad, equilibrar la alimentación, y acercarnos a nuestra propia imagen,… son momentos esenciales de contacto con el exterior y principios de recuperación a afrontar.

Finalmente, el tema que no atañe, las muestras de afecto, el contacto íntimo con la pareja,… el sexo.

Existen aspectos previos a considerar y que nos influirán en la actitud o disposición ante la práctica sexual. Tras la cirugía, los cambios físicos y emocionales pueden tener un efecto directo sobre nuestra propia imagen, la visión de nosotros mismos y por tanto, sobre la actividad sexual.

Lo primero será comprender cómo funciona nuestro cuerpo, la respuesta sexual post-cirugía. La respuesta sexual de las personas se divide en tres fases:

– Las ganas o querencia experimentada, también llamado deseo.
– La estimulación y activación de nuestro cuerpo o excitación sexual.
– La sensación de placer sentida u orgasmo.

Estas tres fases pueden verse emborronadas por condicionantes como la debilidad física, el bloqueo o la inhibición sexual. La cirugía puede afectar de múltiples formas a la intimidad con nuestra pareja o a solas, pero no significa que debamos de ignorar una parte esencial de contacto con los demás. Sólo que hemos de ir paso a paso explorando de nuevo este área vital. La mente puede sentirse receptiva, pero corporalmente no respondemos, o viceversa. El descanso, dar tiempo a la recuperación natural tras una intervención o entender el efecto de los fármacos, es clave para evitar las la decepción de un primer intento infructuoso. No sólo debemos encontrarnos en plena forma, sino aprender a manejar el estoma, un tema que puede hacer aflorar el pudor frente a vuestr@ compañer@.

Se culpa a la enfermedad padecida, a los cambios sufridos, a la cirugía,… pero, hemos de reflexionar, pues la preocupación, el miedo, la baja autoestima por nuestra nueva imagen,… interfieren en la respuesta sexual y es algo que transmitimos a nuestra pareja. La vergüenza, la pena, o el miedo al rechazo están presentes y hemos de saber manejarlos, para continuar sintiendo emociones más positivas y sensaciones más placenteras en compañía. Es un momento difícil pero de gran importancia para comunicarnos con esa persona que comparte nuestra preocupación, y poner sobre la mesa (o la cama) lo que sucede, cómo nos sentimos. Él o ella, puede también sentirse excluído, apartado, por lo que el diálogo es un componente inherente a la relación.

Aliviaremos tensiones, frustración y compartiremos momentos de intensidad, lo que nos ayudará en el proceso de adaptación. Decidamos cuándo, cómo hablar, y qué compartir. Por ejemplo: La limitaciones físicas que nos coartan, los dolores que nos bloquean, o los miedos (de uno mismo al rechazo, pero de la otra parte a hacernos daño), las emociones como culpa o enfado y la expectativas mutuas.

Es laborioso el proceso de adaptación de un ostomizado, pero el apoyo en la persona más próxima, el compartir lo que vivimos y la conversación, son grandes aliados, que suavizarán ese pedregoso camino inicial.

Victoria S. Mújica

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