Gestionando el estrés

Una de las cuestiones más preocupantes en la sociedad actual es el nivel de estrés al que nos enfrentamos cada día, en el ámbito laboral o académico, en las relaciones familiares o interpersonales,… Pero, si contamos, además, con un factor añadido, como es el estrés en la falta de salud, o en la enfermedad, parece que nos desborda, nos paraliza. Supongo que todos, en alguna ocasión, así lo hemos sentido. Una situación parece superarte, tienes los nervios en la garganta, y te apetecería gritar hasta expulsarlos. Es importante conocer cómo nos afecta, por qué y qué podemos hacer al respecto.

El estrés son cambios psicofisiológicos que se producen en nuestro organismo en respuesta a una situación de sobredemanda. En realidad nos prepara ante una emergencia haciendo que todo el cuerpo se ponga en pie de guerra para afrontar esa situación. Esos síntomas se traducen en: aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria, paralización de la digestión, inhibición del sistema inmune, agudeza de los sentidos, alteraciones en las capacidades cognitivas, etc. Cumple, por tanto, una función adaptativa, ayudándonos a sobrevivir. Pero de perdurar el efecto y la sobreactivación a la que nos exponemos, nuestro cuerpo sufre efectos desagradables, debido a ese desgaste, alteraciones físicas o psicológicas.

Seguramente a todos se os ocurren acontecimientos que añadir a la lista de ejemplos que sobrepasan ese activación desmesurada y sí, padecer una enfermedad crónica es uno de ellos. La constante preocupación, la incertidumbre, los temores que nos atenazan, los múltiples cambios a los que nos enfrentamos… Pero a la vez, factores externos, pueden también ocasionar efectos nocivos en nosotros y agravar o acelerar los síntomas de la enfermedad.

La mejor prevención es saber del estrés. En qué momentos lo sentimos, cómo nos afecta, y nosotros, cómo actuamos. Es una de las claves, el conocimiento de nosotros mismos. A continuación doy algunos ejemplos resolutivos para que el estrés no domine nuestras vidas:

Autoayuda: nos ayudará a tener otra actitud más saludable ante los infortunios y afrontarlos con mayor fortaleza y energía, teniendo una red de apoyo que nos sostenga en los malos momentos y con los que disfrutar de los buenos, además de estar preparados anímicamente. Las técnicas que señalo a continuación son en realidad unas pautas, un punto de partida esencial.

• Dieta variada y saludable
• Ejercicio físico
• Apoyo familiares
• Buen humor
• Pensar en positivo

Requieren la ayuda de un profesional: a través de estas técnicas aprenderemos a desconectar, a gestionar mejor nuestro tiempo o a tener una actitud más relajada y positiva. Además de repararnos de los daños ocasionados. Este segundo bloque nos ayudará a profundizar.

• Relajación
• Imagen mental
• Meditación/Yoga
• Musicoterapia /Danzaterapia
• Gestión del tiempo

Victoria S. Mújica

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