Aceptar no significa conformarse. Asumiendo la realidad de la enfermedad.

Aceptar, es una palabra que implica una acción, una actitud y nuestra personal implicación. Quiere decir que permitimos que algo forme parte de nuestras vidas o que vivimos con ello en equilibrio. Este es el paso deseado para muchos pacientes con su enfermedad, convivir con la dolencia crónica de la mejor, y más llevadera manera posible.

El primer paso para llegar a la aceptación de la enfermedad es lograr la mayor información posible y fidedigna sobre nuestro diagnóstico, tratamiento, posibles conflictos, testimonios, etc… ser conscientes a través de la literatura médica, de qué padecemos y cómo nos puede afectar, a nosotros y a nuestro entorno más cercano. La negación, o la lucha no hace más que empeorar nuestra convivencia.   La batalla contra esa realidad, la enfermedad existente, será un sufrimiento extra, un gasto de energía que nos debilitará y aportará falsas esperanzas a los que nos rodea y a nosotros mismos.
En estos casos, lograr entender que se padece una enfermedad a largo plazo y que ese diagnóstico es inevitable lleva su tiempo. El enfado, la culpa, las dudas, la ansiedad, los miedos, la tristeza, los cambios de humor, la apatía, … son sensaciones habituales que aparecerán a lo largo del camino. Forman parte de un proceso que comienza con unos síntomas previos, y un caminar hacia un diagnóstico y un tratamiento eficaz y que culminan con una adaptación de nuestra vida a los cambios. Sobre todo ello tenemos control, somo protagonistas en ese proceso y nuestra consciencia, toma de decisiones, recursos personales serán clave para calificarlo de “aceptación”.

Hablamos de tolerancia, de aceptar que hay diferentes hechos en nuestra vida que no podemos cambiar, pero eso no significa irremediablemente perder la totalidad del control sobre nosotros, sobre nuestra vida.
Aceptación no es sinónimo de conformismo o de resignación, de pérdida del

control o de dejarse llevar, se trata de una actitud de responsabilidad y consciencia.

Culminar un proceso en el que seremos protagonistas.

Conformarse significa dejarse llevar, por la enfermedad, por los estados de ánimo que provoca en nosotros, por la lista de sensaciones y sentimientos anteriormente enumerados. Dejar que las emociones negativas nos controlen. Significa por ejemplo dejar que nos inunde la tristeza y la apatía porque ahora tenemos una enfermedad crónica en nuestra mochila. Eso impide que veamos que más cosas hay ahí dentro, que disfrutemos… sólo focalizamos en nuestra nueva visión “como pacientes”.  Entonces, ¿no podrá mejorar nuestra vida? , en ese estado ¿no podemos alcanzar un bienestar o equilibrio?
El proceso que hace un momento he mencionado tiene varias paradas que pueden afectarnos:

La Primera Parada: la negación.

La primera reacción ante la noticia suele ser la negación, se piensa “no es verdad”, “esto no puede estar pasándome a mí”, “seguro que se han equivocado”. Una forma más ligera de negación puede ser minimizar el significado del diagnóstico (“no será tan grave”, no tomar la medicación, no volver a los controles.). La negación es normal en un principio, pero no es sano quedarse en esta etapa. Llegar a aceptar la realidad de la enfermedad y sus consecuencias lleva tiempo, pues la aceptación debe ser conociendo la enfermedad y asumiéndola desde el punto de vista emocional.

La Segunda Parada: el dolor.

El dolor, se manifiesta con rabia, ira, angustia o culpa. Cualquier conducta que intente evitarlas o bloquearlas no hará más que alargar el dolor. Los comentarios de familiares y amigos “hay que ser fuerte”, “tú puedes”, “necesitas distraerte”, aumentan la incomprensión acerca de la enfermedad, logrando que las manifestaciones del dolor del paciente afectado, no puedan salir a flote, dándole a entender que no tiene derecho a sentirse mal. Estas conductas y comentarios aumentan sus defensas y bloquean el proceso de asimilación. Por el contrario, compartir estos sentimientos pueden acrecentar la unión y facilitar el tan necesario apoyo familiar y social con respecto de la enfermedad. Por lo tanto es importante que el núcleo familiar y amigos se interesen por conocer de la enfermedad, acompañar al paciente en sus sentimientos.

La Tercera Parada: la adaptación.

– Las adaptaciones sociales: cómo influye la enfermedad en la vida cotidiana de la persona de la familia. Todos deben ajustarse lentamente a una nueva situación y hacer que sus nuevas necesidades (de la enfermedad) formen parte de su vida cotidiana. Todo esto dependerá de las características la persona y el diagnóstico.

– Las adaptaciones del paciente : cómo influye la enfermedad en la imagen que la persona tiene de sí misma. El afectado y su entorno, debe adaptarse a un nuevo sentido de sí mismos. El autoconcepto y la autoestima, pueden verse alterados. Creencias personales : cómo influye la enfermedad en las creencias, valores y supuestos sobre el mundo que tiene la persona, en su sentido de la vida, y de la muerte. Hay distintas formas de atascarse en esta tarea: luchar en contra de la realidad, caer en la impotencia, aislarse.

Sólo cuando la persona se estabiliza emocionalmente, con su enfermedad y

sus consecuencias, puede asumir su realidad y continuar viviendo con la enfermedad.

Victoria S. Mújica

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