Ansiedad y autoestima. Cómo me siento, cómo me veo.

La ansiedad es una sensación desagradable, un malestar que sentimos en determinados momentos, ante elementos externos, muy relacionada con lo que sentimos, pensamos o interpretamos sobre esos elementos, o situaciones que vivamos. (Recordando el post anterior). Llevándonos a pensar que no estamos preparados para adaptarnos a los cambios, para vivir algunos acontecimientos o para afrontar, por ejemplo, nuestro estado actual de salud/enfermedad, o el de un familiar. Sentimos que sobrellevamos una pesada carga. Una carga que nos sofoca, nos ahoga, nos marea, o incluso nos oprime el pecho, sin saber cuánto tiempo podremos soportarla.

Estas circunstancias favorecen que aparezcan pensamientos negativos en torno a nosotros mismos, sobre incapacidad, inseguridad, desconfianza, desvalorización. Ideas que distorsionan la imagen que teníamos de nosotros mismos, que nos minan, potenciando la autocrítica y dando paso a las rumiaciones destructivas. Muy relacionado por tanto con nuestra autoestima, con la sensación de ser aptos o no para la vida, con la capacidad de afrontar los desafíos que van surgiendo.

Tengamos en cuenta que la autoestima y la seguridad, son aptitudes que vamos desarrollando a lo largo de nuestro trayecto vital, experiencia a experiencia, siendo un proceso de crecimiento y evolución personal. Y la ansiedad tiene una acción directa  y negativa en este proceso,  restándonos seguridad a través de miedos irracionales, de pensamientos bloqueantes, que sólo añaden desesperanza a la ecuación. Surgen preocupaciones, nos mostramos apáticos, indiferentes e inseguros. Y el círculo se sigue cerrando, ya que nos lleva a ponernos en lo peor, a imaginar los escenarios más nefastos en torno a un suceso, a pensar  negativamente, mostrarnos a la defensiva, con vergüenza, culpa, desánimo… Ese comportamiento, esa inseguridad sentida también nos genera una mayor vulnerabilidad de cara a la misma ansiedad.

Una de las salidas más buscadas a este círculo en el que a veces nos encerramos, es la huída, la evitación. Quizás “si no pensamos en lo que ocurre…”, “si nos negamos a nosotros mismos lo que estamos viviendo…”, o nos refugiamos en un falso recurso (psicofármacos, abuso de sustancias, tabaco, alcohol, conductas de riesgo). Nos auto-limitamos, creyendo que no somos capaces de afrontar activamente un nuevo brote, una nueva medicación, un nuevo suceso. Evitamos involucrarnos en nuevos proyectos, o conocer a otras personas,… conductas que rozan el aislamiento, huyendo del contacto con otros o con la misma realidad. Puede que la ansiedad desaparezca, pero el alivio es momentáneo, estamos engañando a nuestro organismo, y esa auto-trampa, apenas dura un instante.

Entonces, qué podemos hacer… En el anterior artículo daba algunas pistas de la importancia de gestionar nuestras emociones, de permitirnos sentir, del derecho a alegrarnos, entristecernos o enfadarnos, de entender lo que necesitamos y compartir nuestros sentimientos con otros. Es una de las claves en este proceso.

También debemos de diferenciar:

  1.  Reacción puntual de ansiedad ante un momento crucial (cambio de puesto de trabajo, examen, nuevo brote en la enfermedad, discusión familiar o ante un conflicto muy concreto. Experimentamos los síntomas anteriormente mencionados ante un suceso muy concreto, dependiendo de cómo lo vivamos. Es un estado normal que todos sentimos y que transcurre en un período corto de tiempo.
  2. Estado de ansiedad. Cuando los síntomas de la ansiedad se prolongan en el tiempo provocando una merma en la calidad de vida de la persona, afectando su área laboral, familiar…etc. Debiendo ser evaluada la situación por un profesional sanitario especializado.

1.- Claves para aprender a regular la ansiedad:

  • Afrontamiento de conflictos.
  • Administración del tiempo. Evitar prisas y efectos no deseados del estrés.
  • Aprender a decir no, cuidarnos y marcar nuestros límites.
  • Llevar rutinas y tener organizado nuestro día a día.
  • Realizar actividades agradables.
  • Realizar ejercicio físico con regularidad.
  • Prestar atención a lo que comemos y llevar una dieta saludable.
  • Arteterapia y otras técnicas/estrategias.
  • Red social y apoyo familiar.
  • Dosis de buen humor.
  • Ocio y tiempo libre.
  • Técnicas de relajación / meditación.
  • Solicitar ayuda de un profesional para que nos oriente, acompañe o ayude en este proceso.

Próximamente profundizaremos en técnicas de relajación y meditación, con algunos ejercicios prácticos. Espero os sirva de ayuda.

Victoria Sánchez Mújica.

Post patrocinado por:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s