Samanta

Samanta. Sí Samanta. Mi Colitis Ulcerosa se llama Samanta. Si uno de los factores para desarrollar la enfermedad es el estrés, mi colitis ulcerosa se llama Samanta.

Samanta apareció en mi vida un verano de hace 10 años. Pensaba que iba a ser uno de esos amores veraniegos, intensos, pero que en septiembre cada uno se va a su lugar de residencia habitual y ahí se acaba todo, pero no fue así. Samanta había llegado a mi vida para quedarse.

Los síntomas fueron apareciendo poco a poco. Yo era un reloj a la hora de hacer caca, de 7 a 8 de la mañana todos los días. Pues empecé a ir al baño 2 ó 3 veces diariamente. No le di mucha importancia; es verano, me habrá sentado mal la ensaladilla, pensé. Lo que empezó a parecerme anormal es que iba con muchas prisas, era como el dicho “corre, corre que me cago”. Al poco empezó a aparecer sangre en las heces. La primera vez pensé que podría ser una almorrana pero ¡ALERTA ALERTA! En todas las deposiciones había sangre, la frecuencia a la hora de hacer caca era mayor. Al médico lo antes posible.

Fui al especialista del intestino que antes me dio cita, al Doctor Amor. Amor no es su apellido, le llamo así porque fue el primero que me hizo un tacto rectal. Me preguntó si iba con mucha frecuencia y con prisas al baño, sí. Te levantas por la noche a hacer caca, sí. La sangre en las heces es fresca, sí. Dolores abdominales, sí. Acabas de hacer caca y te quedas con ganas, sí. Dio de pleno. Me hice analíticas y la colonoscopia. ¿Colonoscopia? Cuando dije en el trabajo que me tenían que hacer una colonoscopia, mis compañeros se partían de risa. Soy cámara de televisión y resulta paradójico que tengan que utilizar mi herramienta de trabajo para ver mi intestino. Mis compañeros decían que era el colmo del cámara. Fueron muy “graciosos”. El día de antes de la prueba, me encontré mi Sony Xdcam de 8 kilos envuelta en papel film con el foco incluido y una nota que decía: “Para tu colonoscopia, le hemos puesto una de las baterías pequeñas, suerte compañero”.

¿El resultado de todas las pruebas? Samanta, de apellido Pancolitis. Samanta Pancolitis.

El Doctor Amor me recetó un montón de cosas, me prohibió el alcohol y el café, cosa que no me produjo ningún trauma porque no solía tomar mucho de ninguna de las dos. Bueno, alguna cervecita de vez en cuando sí que eché de menos. Pero lo que sí que eché verdaderamente de menos en ese momento fue información. Al Doctor Amor le hice un montón de preguntas sobre mi enfermedad y la respuesta fue “lee mi libro”. Chasco. Que mi médico me dijera que para estar bien informado me tenía que leer su libro fue un chasco. Me lo leí. Nada que no me hubiera dicho en 15 minutos más de consulta.

Mi trabajo hace que pase mucho tiempo en la carretera. De Tarragona a Murcia, de Murcia a Cuenca pasando por Albacete, conozco todas las gasolineras y las distancias entre una y la siguiente. He visitado muchos de esos aseos, de esos aseos y los de muchos bares.  Antes de conocer a Samanta era de los que sólo hacía caca en váteres conocidos. Ahora puedo decir que he hecho caca en aseos que el de la película Trainspoting parece el del Palacio Real comparado con alguno de ellos. Recuerdo cuando me tocó ir a un baño de esos portátiles en el FIB (Festival Internacional de Benicassim), creo que por él habían pasado unos 35.000 ingleses antes que yo, ufff.

Tardé más de 9 meses en empezar a encontrarme mejor. Esos 9 meses fueron una montaña rusa, mi familia me animaba a tope, además tenía un niño de 2 años que sólo con verlo me llenaba de energía y optimismo pero cada vez que me levantaba del wc y veía la sangre, me desmoronaba. Me ayudó mucho conocer a gente que padecía lo mismo que yo. Saber que no estaba solo me tranquilizó, compartir experiencias me tranquilizó y ver que hay luz al final del túnel aunque esta luz a veces sea tenue, me tranquilizó.

Con el tiempo mejoré bastante, tratamiento de mantenimiento durante años pero ¡ZASCA! Ella volvió otra vez 7 años después, en verano, otra vez en verano. Esta vez decidí que no me lo tratara el Doctor Amor y me fui a la Dama de Blanco (bata blanca y pelo blanco). Vaya cambio. En un mes y medio el “brote” remitió bastante. Todo claro clarinete desde el primer momento, una unidad de apoyo a mi servicio para cualquier duda.

¿Mi vida cambió? Pues sí que cambió. Siempre al tanto de las veces que voy al baño, me he hecho un experto en cacas (color, textura), bueno, de las mías. Cuido mucho lo que como sobre todo fuera de casa, los alimentos que me producen gases los evito, es muy complicado estar en el coche con un compañero con las tripas pidiéndote marcha. Siempre con algún paquete de pañuelos en el bolsillo por si te entra el apretón y no hay papel en el aseo de turno. En el coche del trabajo hay el mismo número de calzoncillos que dosis de Pentasa. Me ha pasado muchas veces que de repente tengo que pasar alguna noche fuera y por nada quiero saltarme el tratamiento. En pleno brote, una de las cosas que hacía cuando entraba a un bar era averiguar dónde estaba el aseo y lo sigo haciendo por costumbre. Tuve que alquilar una plaza de garaje porque en la zona en la que vivo es muy difícil aparcar y daba vueltas y vueltas y hubo veces que pensaba que me lo hacía encima. Pero bueno, ya son 10 años y lo que al principio parecía raro ahora es habitual o manía, quién sabe. Lo que no es tan habitual es encontrarme a gente que sepa lo que es una enfermedad inflamatoria intestinal. Piensan lo que yo pensé hace 10 años, que me ha sentado mal la ensaladilla y que en unos días se me habrá pasado. Hay que darle visibilidad y hablar de ello con naturalidad: todos hacemos caca, unos más que otros pero todos “sacamos a los Jackson Five”, “nos asoma el hocico del perro”, “saca la cabeza la tortuga”, “soltamos lastre”, nos “rilamos como las gibias”.

Ahora sé que Samanta Pancolitis nunca me va a dejar, que la tengo que cuidar todos los días. Que a veces se enfadará con motivo o sin él y que intentará amargarme, pero como nos conocemos, intentaré pararla a tiempo y sobre todo pensar desde el primer momento que hay solución.

Sr. Retortijón.

 

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